La Reeducación: Más allá de la rehabilitación y el camino hacia el crecimiento consciente
Nuestra vida está marcada por la evolución.
Somos “individuos” o indivisibles, pero aun así estamos conformados dentro de distintas dimensiones, y durante toda nuestra permanencia en este mundo, nuestro cuerpo —dimensión biológica— y nuestra mente —dimensión psicosocial— sufren transformaciones importantes; crecen y maduran, potenciando las manifestaciones de nuestra dimensión espiritual o espíritu.
Este proceso de crecimiento se encuentra condicionado por parámetros tanto internos —factores innatos y genéticos propios del individuo— como externos o ambientales, proporcionados por la cultura y el entorno al que somos expuestos. A través de este proceso, todos, de una forma u otra, crecemos física y emocionalmente, haciéndonos capaces en la tarea de vivir. Esta transformación, que solemos llamar madurez, es posible gracias a la educación que generamos.
Este fenómeno de la educación tiene dos propósitos fundamentales: adaptarnos plenamente a un mundo en constante cambio y desarrollar las capacidades necesarias para responder a los desafíos que la vida nos propone con autonomía y sentido.
Sin embargo, la mayor parte de este proceso de maduración transcurre de forma inconsciente, otorgándonos las herramientas básicas para la supervivencia, pero sin garantizar una maduración completa.
(El abordaje de las adicciones desde lo educativo o reeducación)
Es en este punto, y dentro del abordaje terapéutico de las adicciones, donde resulta vital distinguir entre los conceptos de educación, rehabilitación y reeducación. Tradicionalmente, el concepto de rehabilitar implica volver a habilitar algo que ya funcionaba bien y que, por algún motivo, dejó de hacerlo.
No obstante, hoy en día sabemos que en problemáticas como las adicciones intervienen factores genéticos y ambientales que, en algunos casos, pueden anteceder al nacimiento del individuo. Por lo tanto, hablar de “volver a habilitar” algo que ya funcionaba bien puede no ser aplicable en muchos casos.
En su lugar, debemos comprender que las adicciones, aun teniendo condicionamientos genéticos, son “soluciones erróneas” que aprendemos como formas de lidiar con las dificultades propias de la experiencia vital y que estas se asientan esencialmente en ese componente de nuestra personalidad que se configura o aprende en base a la experiencia y al cual llamamos carácter.
Al tratarse de un aprendizaje, este puede ser sustituido: esas formas erróneas de responder a lo que la vida propone pueden ser primero desaprendidas y luego sustituidas por otras formas más adecuadas.
Psic. José Scovino
Esta sustitución consciente es la esencia de la reeducación. Reeducar significa “volver a educar”, y para comprender su significado profundo debemos remitirnos a la raíz etimológica del latín educere, que se interpreta como “sacar lo mejor de uno mismo”. En nuestro constante aprendizaje, no todo lo que adquirimos es positivo; también asimilamos condicionamientos que nos restringen y nos hacen más frágiles y vulnerables si no somos capaces de abordarlos correctamente.
La tarea de sacar lo mejor de nosotros depende en gran medida de las decisiones que tomamos frente a la experiencia, y la calidad de estas decisiones depende directamente de la calidad de nuestros pensamientos.
Lamentablemente, la mayoría de las personas somos poco conscientes del poder de nuestra mente. Nos distraemos, nos frustramos y no logramos descifrar el sufrimiento, la incertidumbre y el esfuerzo como componentes naturales de la realidad.
Aunque los tiempos cambian, la tecnología avanza y la educación adopta nuevos métodos, la naturaleza humana permanece intacta: seguimos luchando contra los mismos desafíos de siempre, como el miedo, el deseo, la ira, la ansiedad y la falta de voluntad.
Por naturaleza, revisamos constantemente lo que nos forma y nos reeducamos, pero solemos hacerlo de forma inconsciente, ineficiente o distraída, sin sacar el mayor beneficio del proceso.
En conclusión, para superar estos obstáculos, debemos entender la reeducación como un esquema que se puede organizar sistemáticamente en nuestra mente. Para ello, debe abordarse en tres dimensiones: como un concepto, como un estado mental y como un estilo de vida.
A diferencia de la educación básica, la reeducación no ocurre por sí sola ni por el simple paso del tiempo; es un proceso activo que requiere esfuerzo individual y un compromiso personal consciente para desaprender lo que nos limita y aplicar cambios reales.
Afortunadamente, la educación no es un proceso rígido ni inmutable. Siempre tenemos la posibilidad de evaluar y corregir nuestro propio aprendizaje, identificando y resistiendo los condicionamientos que interfieren en nuestro desarrollo.
Reeducarnos significa reconocer nuestra capacidad de cambio y orientar nuestro poder mental hacia un crecimiento auténtico, lo que finalmente nos permite sacar lo mejor de nosotros mismos y vivir de una manera más plena, consciente y con sentido.
